Leyendas cortas nocturnas

Soy odontólogo de profesión, pero dibujante por diversión. Cuando llego a casa de trabajar no quiero saber más de molares, dientes, resinas, amalgamas etc. Dejó mi portafolio con mi laptop y me dirijo al estudio en donde tengo un restirador.

Cojo una hoja de papel, la acomodo adecuadamente y empiezo a dibujar lo primero que se me viene a la mente. Puede ser una flor, un animal o un paisaje.

Leyendas cortas nocturnas

Tomé un curso de artes plásticas por Internet y debo decir que gracias a él he aprendido hacer muchas cosas.

Finalmente, abro un cajón del escritorio en donde guardo los lápices y sacó una cajetilla de cigarros. Por lo general, sólo me fumo dos cigarros durante mi sesión de dibujo.

A pesar de ello, de esa noche me percaté de que el cenicero se iba llenando de más y más colillas y yo seguía absorto con mi creación.

Encendí el octavo pitillo y vi claramente como el humo que emanaba de mi moca formaba la silueta de un ser maligno. Una criatura grisácea, alargada y sin dientes que me miraba fijamente a los ojos.

Dejé lo que estaba haciendo y me fui a acostar. Cuando desperté me sentí sumamente mareado con lo que lo primero que hice por la mañana fue ir al médico para que me revisara.

El especialista me dijo que luego de las pruebas que me realizaron se detectó que en mi sangre había grandes residuos de nicotina. Yo aproveché para comentarle lo de mi encuentro con la extraña criatura. A lo que él contestó que esos episodios alucinatorios pasan cuando uno excede la cantidad de nicotina que tu cuerpo puede absorber dependiendo de tu metabolismo.

Me alejé del cigarrillo y desde entonces no he vuelto a fumar. Sin embargo, las noches que hay luna llena puedo ver claramente la silueta de aquel monstruo. Ya no se lo cuento a nadie, pues no quiero que vuelva a pensar que se trata solamente de una leyenda corta nocturna.

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